No fue creada para estar quieta.
Fue creada para girar a más de 100 veces por segundo.
Durante décadas, este alabe formó parte de uno de los motores más icónicos de la aviación: el Pratt & Whitney JT8D.
Hoy, esa historia deja el cielo para convertirse en una pieza única de colección.
Cada unidad ha sido cuidadosamente intervenida, respetando su forma original, y montada sobre una base de aluminio de grado aeronáutico, pulida a espejo para realzar la pureza del titanio.
El resultado no es solo un objeto decorativo.
Es un fragmento real de ingeniería, transformado en arte.
Una pieza que atraviesa el tiempo, diseñada para perdurar generaciones.
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